En un hospital fundado en el año 1841, esta frase quizás habría servido para explicar muchas de las innovaciones que buscábamos implementar o aquellas actividades que la infraestructura simplemente no permitía realizar. Sin embargo, tras el traslado a un edificio que multiplica por seis el antiguo Hospital de Melipilla, el paraguas de lo imposible se ha hecho cada vez más pequeño y deja menos espacio para justificar aquello que antes parecía inalcanzable.
En 2022 iniciamos el camino del programa Juégatela por la Innovación e Impulsa el Cambio, junto a CENS y Pro Salud Chile, con el apoyo del Ministerio de Salud y de Corfo. Todas las instituciones que se trasladan a una nueva infraestructura debieran contar con un acompañamiento de este tipo. Va mucho más allá de la gestión del cambio: implica desarrollar la capacidad de observar al usuario o paciente, comprender su recorrido dentro de la institución y rediseñarlo, incorporando soluciones tecnológicas cuando agregan valor y eliminando procesos redundantes que facilitan el trabajo interno, pero no mejoran la experiencia del paciente.
En el hospital trabajamos durante varios años en la puesta en marcha. Además de los ámbitos tradicionales, como la gestión clínica e infraestructura, incorporamos uno nuevo y poco explorado hasta entonces: el Ámbito TIC. Este permite proyectar, prácticamente desde cero, el desarrollo tecnológico de la institución, cumplir con exigencias normativas que las antiguas construcciones no permitían abordar y responder a un entorno tecnológico en permanente evolución. Las variaciones del dólar, los procesos de compra y la importación de tecnología deben anticiparse. Asimismo, la participación en ferias de innovación forma parte de la estrategia necesaria para alinear las capacidades actuales con las necesidades futuras de la institución.
Una de las experiencias más ilustrativas fue la actualización de un proyecto diseñado en 2015 que finalmente se materializó con el traslado en 2026. Desde la perspectiva tecnológica, los cambios fueron significativos. Los teléfonos con cámara sobre los escritorios dejaron de ser necesarios; hoy resultan más útiles los dispositivos móviles. Las videoconferencias pasaron a ser parte de la rutina diaria, por lo que disponer de cámaras y sistemas de audio de calidad constituye un requisito básico para una gestión eficiente. El parque computacional creció junto con la dotación y prácticamente todo el personal administrativo requiere un equipo conectado a una red robusta. Vivimos en la era de la inmediatez y de las soluciones basadas en inteligencia artificial; por ello, la lentitud de un sistema es percibida por los usuarios como un fracaso.
El recurso humano necesario para desarrollar un proyecto tecnológico de esta magnitud también debe crecer al mismo ritmo que la infraestructura. Estimar las horas-hombre requeridas para desembalar, instalar y poner en funcionamiento más de 900 computadores resulta tan importante como calcular la dotación clínica necesaria para la atención de pacientes. Asimismo, se requieren competencias para desarrollar proyectos de interoperabilidad entre proveedores de sistemas y liderar procesos de transformación digital.
De ahí surge uno de los cambios más importantes: ya no hablamos de Informática ni únicamente de TIC, sino de una Unidad de Transformación Digital. El lenguaje crea realidades y el hospital necesita transformarse. Para lograrlo, debemos incorporar nuevos talentos y potenciar los existentes. Estos equipos, al igual que las unidades críticas, son de alto rendimiento y requieren profesionales capaces de trabajar bajo presión, con cordialidad y orientación al usuario, especialmente al usuario interno. También resulta indispensable contar con soporte técnico disponible las 24 horas, capaz de resolver problemas con rapidez, precisión y eficiencia para asegurar la continuidad operacional.
El desafío que enfrentan hoy los hospitales es evidente. Prácticamente ningún proceso es exclusivamente clínico; incorporar espacios iluminados por wifi y conectividad satelital ya no son lujos. Los sistemas llegaron para quedarse y cada vez existen menos espacios para lo “imposible”. Los usuarios, cada vez más empoderados, demandan acceso oportuno a una información que les pertenece. Los equipos clínicos, por su parte, necesitan registrar adecuadamente todas sus acciones como respaldo profesional y asistencial. Ambos comparten una expectativa común: menos clics y mayor rapidez. Los canales de comunicación deben ser ágiles, accesibles y centrados en las personas. Llevar la información clínica al teléfono móvil, dispositivo al que prácticamente toda la población tiene acceso, continúa siendo una brecha. Educar a la población y avanzar en la digitalización requerirá algunos años más. Probablemente no tantos; pero, cuando finalmente lo logremos, ya habrá nuevas tecnologías que volverán obsoleto parte de este hospital recién inaugurado.
Mackarena Zapata
Subdirectora Análisis de la Información del Hospital de Melipilla
