Hace unas semanas, desde CENS impulsamos una encuesta abierta al ecosistema para identificar cuál fue la idea que mejor representó lo vivido en 2025 en materia de salud digital. La interoperabilidad fue la opción más votada. Y su elección no responde a una moda, sino a un proceso que se venía consolidando.
Durante el último año, la conversación dejó de centrarse exclusivamente en la digitalización de procesos aislados y comenzó a enfocarse en algo más estructural: cómo lograr que los sistemas dialoguen entre sí y que la información circule de manera segura, oportuna y estandarizada.
A continuación, cinco razones que explican por qué la interoperabilidad terminó siendo el concepto que marcó el año que pasó.
1. Porque conecta sistemas, datos y personas en todo el sistema de salud
El sistema sanitario chileno está compuesto por múltiples plataformas, establecimientos y niveles de atención. Sin interoperabilidad, cada uno funciona como una isla.
La interoperabilidad permite integrar esos sistemas bajo estándares comunes, facilitando el intercambio de información entre instituciones públicas y privadas, atención primaria, hospitales y otros dispositivos de salud. Pero no solo conecta tecnología: conecta equipos, gestiones y decisiones en torno a las personas.
“Que la interoperabilidad haya sido elegida como el concepto del año demuestra que el ecosistema entendió que la transformación digital no puede desarrollarse de manera fragmentada. Necesitamos sistemas conectados que pongan la información al servicio de decisiones oportunas y coordinadas”, señala Félix Liberona, Subdirector Ejecutivo de CENS.
2. Porque habilita continuidad de atención y decisiones clínicas más seguras
Cuando la información clínica acompaña a una persona a lo largo de su trayectoria en el sistema, se fortalece la continuidad del cuidado.
La interoperabilidad permite acceder a antecedentes relevantes en el momento adecuado, reduciendo riesgos asociados a datos incompletos y apoyando decisiones clínicas más seguras y fundamentadas. En un contexto de alta demanda asistencial, esto no es accesorio: es una condición básica para mejorar la calidad de la atención.
3. Porque reduce barreras, tiempos y duplicidades para equipos y pacientes
Uno de los efectos más visibles de la fragmentación es la repetición innecesaria de exámenes, registros y trámites. Esto impacta tanto en la experiencia de las personas como en la carga de trabajo de los equipos de salud.
Al facilitar el intercambio de datos, la interoperabilidad contribuye a disminuir duplicidades, optimizar tiempos y hacer un uso más eficiente de los recursos disponibles. En términos concretos, significa menos fricción en los procesos y mayor fluidez en la atención.
4. Porque cuenta con un impulso normativo que ha acelerado su avance
Durante 2025 se consolidaron avances regulatorios que han dado mayor claridad y respaldo al desarrollo de la interoperabilidad en el país. Contar con marcos normativos y lineamientos técnicos no solo ordena el ecosistema, sino que entrega certezas para la implementación y escalabilidad de soluciones.
“La interoperabilidad implica tecnología, pero también estándares, acuerdos y confianza. Los avances regulatorios han sido fundamentales para alinear al ecosistema y avanzar de manera más coordinada”, explica Sonia Espinoza, Líder de Interoperabilidad de CENS.
Este marco ha permitido que el concepto deje de ser una aspiración y se traduzca en iniciativas concretas.
5. Porque pone los datos al servicio de una atención centrada en las personas
Finalmente, la razón más profunda es su impacto en las personas. Cuando los datos pueden compartirse de manera segura y estandarizada, se facilita una atención más integral, continua y centrada en cada paciente.
La interoperabilidad no es un fin en sí mismo. Es un habilitante para mejorar la calidad de la atención, fortalecer la experiencia de quienes interactúan con el sistema y apoyar mejores decisiones en todos los niveles.
Que haya sido reconocida como el concepto del año —a través de una encuesta abierta y participativa— refleja que esta visión ya no pertenece sólo a especialistas, sino que es compartida por un ecosistema cada vez más consolidado.
El desafío ahora es seguir avanzando en su implementación efectiva, medir su impacto y asegurar que su desarrollo beneficie progresivamente a más personas en los distintos niveles de atención. Por todo esto, desde CENS presentamos un especial sobre interoperabilidad, que invitamos a revisar en el newsletter.
