10 años articulando el futuro de la salud digital: El valor de la colaboración en una década de salud digital
Oct 29, 2026
En esta edición especial de VOCENS: Voces y Opiniones —sección donde referentes del sector comparten su visión sobre temas contingentes en salud digital—, Alejandra García, directora ejecutiva (i) de CENS, reflexiona sobre los aprendizajes y desafíos de los primeros 10 años del Centro. En su columna, destaca el valor de la colaboración entre la academia, el Estado, la industria y las asociaciones de pacientes, y plantea que la transformación digital en salud requiere no solo estándares y tecnologías, sino también confianza, calidad y un compromiso permanente con las personas y los equipos de salud.

La historia de los primeros diez años del Centro Nacional en Sistemas de Información en Salud (CENS) es, en esencia, la crónica de un cambio de paradigma. Surgido del esfuerzo conjunto de cinco universidades emblemáticas y respaldado por el Estado a través de CORFO y ANID, CENS nació con un mandato de disminuir las brechas en el sector salud por medio de la promoción del uso de estándares en interoperabilidad, calidad de los sistemas, formación de capital humano y el fomento a la innovación y el emprendimiento. Sin dudas, el verdadero logro ha sido de carácter técnico y humano.

La mayor lección de esta década ha sido que la tecnología por sí sola no transforma sistemas; son las personas, las confianzas y las voluntades articuladas las que lo hacen. En un sector históricamente fragmentado como la salud, instalar sistemas de información sin un lenguaje común, técnico y humano, genera resistencia y fricción en las relaciones personales. Frente a esto, la trayectoria del Centro demuestra que el trabajo colaborativo con un propósito colectivo pone en el centro el interés común por sobre los intereses particulares, enfatizando que la construcción de puentes entre la academia, el Estado, las startups, los prestadores y los pacientes es la verdadera pieza clave del progreso.

La pandemia aceleró la urgencia de la salud digital, pero la verdadera prueba de resiliencia ha sido adoptarla y sostenerla con criterios de calidad en los sistemas de información. La innovación abierta con startups y academia ha sido un logro relevante, pero su verdadero valor aparece cuando se conecta con problemas concretos y con las personas que los viven. En ese sentido, el trabajo con asociaciones de pacientes no es un complemento: ha sido parte del corazón del trabajo colaborativo. 

Pioneros en propiciar la adopción de estándares en interoperabilidad a nivel técnico, entendimos que la interoperabilidad informática carece de sentido si no existe una interoperabilidad humana: la capacidad de acordar prioridades asistenciales, proteger la privacidad, gestionar el ciberriesgo y diseñar pensando en la carga del personal clínico y en la experiencia del usuario.

Al mirar hacia el futuro, donde la inteligencia artificial y la gestión masiva de datos prometen revolucionar la medicina predictiva y preventiva, los desafíos se multiplican. No obstante, la experiencia acumulada en estos 10 años ofrece una brújula: los algoritmos más sofisticados serán inútiles si no se alimentan de datos de calidad y si no se aplican con responsabilidad ética y con foco en las necesidades de las personas.

Cumplir una década de trabajo ininterrumpido no solo permite celebrar los sellos otorgados, las alianzas consolidadas o el capital humano formado. Permite, sobre todo, reafirmar una convicción que debe guiar los próximos años de la transformación digital en Chile: la tecnología es siempre el medio; la calidad de vida de las personas y el bienestar de los equipos de salud son, y serán siempre, el único fin.