Hablar de salud mental en Chile es hablar de una urgencia sanitaria, social y económica. Según la Subsecretaría de Previsión Social, más del 47% de las licencias médicas emitidas en 2023 tuvo origen en trastornos de salud mental, principalmente depresión, ansiedad y estrés laboral. A esto se suma que una de cada cuatro personas ha presentado algún problema de salud mental en los últimos 12 meses, según la Encuesta Nacional de Salud.
Sin embargo, la mayor crisis no es solo epidemiológica: el acceso a la atención es crítico. En el sistema público, los tiempos de espera para una consulta de psiquiatría pueden superar los 200 días, según cifras del Ministerio de Salud (2024), lo cual puede poner en riesgo incluso vidas.
Frente a este escenario, la salud digital se posiciona como un aliado para fortalecer la prevención y mejorar la cobertura. Durante la pandemia, Chile, al igual que el mundo, vivió un salto sin precedentes en telemedicina: en 2019 se realizaron menos de 20.000 atenciones remotas en el sistema público; en 2021 fueron más de 2,6 millones, según el Minsal. Este cambio cultural, como era de esperar, también llegó a la salud mental: el 68% de los pacientes manifestó sentirse cómodo con atenciones psicológicas en línea, según el Colegio de Psicólogos de Chile.
Hoy, gracias a plataformas de telepsiquiatría, programas digitales de terapia cognitivo-conductual, aplicaciones móviles de intervención temprana e incluso sistemas de monitoreo basados en inteligencia artificial, es posible llegar a zonas rurales donde no existe oferta presencial o acompañar procesos terapéuticos con herramientas accesibles y seguras. Experiencias como el Programa Nacional de Telepsiquiatría del Minsal y proyectos innovadores como chatbots de primera atención emocional en universidades muestran que Chile tiene capacidades instaladas.
Así también lo indican estudios al respecto. Viviana Guajardo, en su tesis doctoral sobre la temática, indica que: “Los modelos colaborativos de atención a distancia constituyen una alternativa innovadora para enfrentar la brecha existente en salud mental, especialmente en contextos donde el acceso a especialistas es limitado. La utilización de tecnologías de información y comunicación permite entregar apoyo clínico oportuno, fortalecer las capacidades locales y mejorar la continuidad del cuidado de las personas con depresión en el nivel primario”.
Avanzar con calidad
En este punto, Félix Liberona, Subdirector ejecutivo del CENS, añade que “la salud digital es una herramienta fundamental para ampliar el acceso a la atención y garantizar continuidad en el cuidado, muy especialmente en áreas tan sensibles como la salud mental, donde dichas intervenciones tienen suficiente evidencia”.
Sin embargo, avanzar no puede ser a cualquier costo. El uso de plataformas sin respaldo clínico o sin estándares de ciberseguridad puede ser grave. La reciente Ley de Interoperabilidad de Fichas Clínicas (2024) abre oportunidades para fortalecer la comunicación segura de los sistemas, pero aún falta regulación específica para terapias digitales y validación de calidad.
En este ámbito, CENS ha desarrollado herramientas concretas para resguardar la calidad de las soluciones tecnológicas en salud, como el Sello de Calidad de Telemedicina, que evalúa y certifica plataformas según criterios técnicos, clínicos y de seguridad. Este sello permite a prestadores y pacientes confiar en que las atenciones remotas cumplen con estándares nacionales, promoviendo una adopción responsable de la tecnología.
“El desafío no es solo llevar la tecnología a la salud mental, sino hacerlo con estándares clínicos, seguridad y ética. Solo así la transformación digital puede transformar vidas”, agrega Liberona.
Mirada hacia el futuro
Chile cuenta con fortalezas para liderar este desafío: trabajadores capacitados, universidades activas en investigación en salud digital, una industria tecnológica emergente y un ecosistema dispuesto a colaborar. Pero para lograr impacto real se necesita voluntad política y una hoja de ruta clara.
La salud digital debe integrarse al modelo de atención en salud mental, no solo como respuesta de emergencia, sino que principalmente desde lo preventivo. Se requiere financiamiento sostenido, protocolos validados, formación de equipos clínicos y programas inclusivos que consideren alfabetización digital para pacientes y comunidades. Y, sobre todo, mecanismos de aseguramiento de la calidad, como los sellos y certificaciones desarrollados por CENS, que contribuyen a construir confianza y seguridad en el uso de herramientas digitales en salud.
“La salud digital, implementada con calidad, ética y enfoque humano, puede transformar la manera en que acompañamos, escuchamos y cuidamos a las personas. El desafío está sobre la mesa: lo que viene depende de aunar voluntades y tomar decisiones valientes, colaborativas y urgentes”, concluye Félix Liberona.
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